Mendoza Gourmet – El Conocedor

En plena época de vendimia, recorrimos la provincia en busca de las mejores opciones para comer y acompañar sus vinos.

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El mes de marzo no es como otro cualquiera para Mendoza. No es para menos: la provincia se prepara para recibir a miles de turistas que participarán del evento más importante de la región: La Fiesta Nacional de la Vendimia. Además de las diez noches en las que se extiende la fiesta, cuando calienta el sol todas las bodegas abrirán sus puertas para recibir a los turistas que visitan Mendoza y mostrarles su orgullo más profundo: el vino. Pero, ¿Qué se come en la Tierra del Sol y del Buen Vino? Para responder esta simple pregunta, recorrimos diferentes regiones en busca de las opciones gourmet de una de las provincias con mayor crecimiento gastronómico de los últimos diez años.

 

El recorrido comienza al sur de la provincia, en el departamento de San Rafael. Primera estación: “Las Duelas”. El pequeño restaurante está ubicado en el centro de la ciudad. Se caracteriza por ser un bar/restaurante de tapas. “A la hora que vengas, acá siempre habrá un plato de comida esperándote”, dice entre sonrisas Gianina Bianchi, socia del lugar. La joven se pasea de mesa en mesa saludando uno por uno a los comensales, en un ambiente cálido donde conviven parejas y familias. En su carta se puede ver cada plato con el dibujo de una copa diferente para saber con qué vino acompañarlo, una idea original que llevó a cabo Nicolás Solano, sommelier de Casa Bianchi. Recomendación: Bondiola roja de jabalí con courtney de pera y papas fritas. Para las siete de la tarde, una gran opción es la picada con los productos ahumados de “Secreto del monte”, otro de los empredimientos de la joven empresaria. Con un vino rosado o un blanco ligero, una alternativa al clásico maridaje con cerveza.

 

Seguimos en San Rafael, pero ya más alejados del centro de la ciudad. “Chez Gaston” es el restaurante de Algodon Wine Estates. Está a cargo del reconocido chef Gastón Langlois, donde se destacan su platos de la cocina tradicional argentina con un toque gourmet. Durante el mediodía, las mesas más buscadas son bajo la galería con vista a la cancha de golf, sus viñedos y los olivares. Para las tardes más frescas, el interior posee grandes ventanales que dan al driving range al norte y a los matices ámbar y rojos de las canchas de tenis de polvo de ladrillo al sur.

 

Como copa de bienvenida, Gastón propone un Pinot Noir para acompañar su gran panera. Recomendación de platos principales: sorrentinos de chivo con verdura cocida al horno de barro con salsa de crema de hongos negros y gotas de aceite de trufa -el vino que acompaña este plato es sin dudas la vedette de la bodega: su Boyarda-. Para los más carnívoros, la entraña cocida con sal de Malbec y vegetales quemados al horno de barro. El vino: Blend de Malbec-Bonarda. Al llegar al lugar, la idea original era terminar el almuerzo y hacer uno hoyitos en la cancha de golf… algo que no pudo ocurrir: ambos platos invitaban a la siesta, será para otra nota con tintes más deportivos. Ahora a recorrer la bodega.

 

Adiós al sur de la provincia y partimos a Agrelo, Luján de Cuyo. “María”, el restaurante de Bodega Séptima, está a cargo de Graciela Hisa. El lugar tiene un palco privilegiado para observar los picos nevados de la Cordillera de los Andes y la infinidad de colores que regalan los viñedos en esta época del año. Como en todo restaurante de bodega, la mejor opción es tomar vino por copa que maride con cada plato. De entrada, unas mollejas asadas con un Chardonnay. ¡Ojo! Es un vino peligroso, muy peligroso: se bebe muy fácil y está muy bien logrado su gusto seco y frutal al mismo tiempo. De plato principal una chuleta de cerdo con costra de mostaza y batatas a la miel -vino: Séptimo Día Malbec, combinación bien argenta e infalible-. Una vez terminado el almuerzo, nos disponemos a recorrer la bodega y cumplir el deseo de muchos: probar vino directamente de barrica.

 

El almuerzo fue poderoso, como los últimos tres días. Para la noche, a dormir en la posada de Bodega Vistalba en medio de sus imponentes viñedos. Pero algo había que comer, sobre todo porque había que maridar las dos botellas del Corte B que nos esperaban en la habitación. Una caminata al pueblo de Vistalba para comprar una pequeña picada y sentarse al pie del ventanal con las montañas de fondo. El lugar cuenta con sólo dos habitaciones de 70 metros cuadrados cada, ideal seguir disfrutando del típico paisaje mendocino.

 

Nuevo día, nuevo almuerzo, nuevo restaurante. En esta oportunidad, la opción era doble: “Pan & Oliva” y “Casa del Visitante”, los dos restaurantes de Bodega Zuccardi, en el departamento de Maipú. En el primero, tal como dice su nombre, la vedette son sus aceites de oliva: una idea que nació en el abuelo Zuccardi y que su nieto menor –Miguel– supo explotar con mucha sabiduría y dedicación. Ahí nos esperaba el licenciado Torey Novak, responsable de “Pan & Oliva”, quien nos guió por ese fabuloso mundo de los aceites. Novak nos explica las diferencias y recorre los sabores de cada uno de los productos de Zuccardi, desde el típico blend Zuelo hasta sus varietales Arauco, Changlot y Frantoio (el preferido de quien escribe). Sobre la mesa, el especialista ofrece unos pancitos para mojarlos en el aceite; pero la recomendación –tal vez para los más valientes– es probarlo sólo. Sí: puro desde la copa de degustación. Confíen.

 

Una vez terminada la recorrida por los olivares, “Casa del visitante” esperaba: acá sí se come mucho. Como entrada, sus empanadas sorprenden. Tal como lo sugieren los expertos, la sugerencia es morder la punta y esparcir en su interior aceite de oliva. Después sólo queda dejarse llevar por cada uno de los mozos que traerá diferentes cortes de carne a la parrilla. Para los vegetarianos existe la opción de parrillada de verduras. De postre: volcán de chocolate con Malamado. Ahora sí, después de terminar de comer lo que se recomienda es recorrer la bodega.

 

Última noche. Dejamos los alrededores y desembarcamos en Mendoza Capital. Uno de los más imponentes restaurantes es sin duda el “Bistró M” del Park Hyatt Mendoza. Miguel Enrique Palacios es el chef del lugar y quien elabora sus platos a la vista de los comensales -la curiosa cocina está ubicada en el fondo del restaurante-. Después de tanta carne, llegó el momento de las pastas o un buen arroz: especialidades de la casa. “Cannelloni”: pasta rellena de humita, salsa de calabaza, chaucha, tomate cherry y almendras tostadas; o un “Risotto caprese”: arroz Carnaroli, tomate, aceitunas negras, boconccinos, albahaca, langostinos.

 

Si bien la comida es impecable, “Bistro M” recibió el galardón de Wine Spectator’s 2013 Best of Award of Excellence por su importante carta de vinos, por sus más de 300 etiquetas y más de 3 mil botellas en su cava. El maridaje, el menú de estación, las bodegas productoras y presentación, son algunas de las características que también se tuvieron en cuenta para la selección del ganador.

 

Final del recorrido mendocino. Al día siguiente –después de un buen descanso en una suite del hotel– esperaba disfrutar de su pileta bajo el sol mendocino y un buen masaje en su SPA. Será hasta la próxima.