Nuestro querido Torrontés – El Conocedor

Se acerca el verano, por lo que resulta ideal aplacar el calor con un buen vino blanco. Y qué mejor que comenzar por el Torrontés, la única cepa puramente nacional. Pasado, presente y futuro de una tendencia que no para de crecer.

Torrontés ok

Desde Salta, una de las provincias más amadas por turistas y argentinos, proviene la única uva que se vinifica y que es puramente argentina: el torrontés. Existe una cepa con el mismo nombre en España, pero poco se asemeja a la local. En la madre patria, también es conocida como Albariño francés, Aris y huevo gallo. La de aquí, en cambio, lleva el nombre de torrontés o torrontés riojano –por más que esta variedad se da en su máximo esplendor en la provincia de Salta, y más específicamente en Cafayate–.

En la mayoría de los países donde se consume vino, generalmente se dividen en partes iguales los que beben vinos blancos y vinos tintos. En la Argentina, los tintos acaparan más del 75% del consumo, dejando solo el 24% a los blancos y el porcentaje restante a los rosados (sin contar el consumo de espumantes).

Como se sabe, el vino argentino es conocido en el mundo por su malbec, pero esta cepa tinta es de origen francés, no autóctona como nuestro torrontés; el cual, según las últimas investigaciones, se habría originado de una cruza entre las variedades Moscatel de Alejandría y uva criolla, hace más de 200 años.

“A nosotros (los salteños) nos tildaron siempre de ‘blanqueros’”, afirma José Luis Mounier, enólogo de Bodega Tukma y Finca Las Nubes. “Hoy vienen de todas las provincias productoras vitivinícolas del país a pedirnos torrontés”, dice orgulloso Mounier. Este blanco fue cambiando y creciendo al mismo ritmo que el vino argentino. El reconocido crítico gastronómico Miguel Brascó solía afirmar que el “torrontés actual es para afeminados”. Brascó estaba acostumbrado al clásico vino blanco, el cual tenía un fuerte amargor. Hoy en día, el consumidor pide del blanco algo que sea más amable, más frutal y con un final en boca más ameno. “El torrontés viejo pedía un chorro de soda o hielo”, agrega Mounier. “A mí me gusta que tenga color, que sea una planta vigorosa y al europeo que llega a Cafayate le gusta lo que toma”.

En Salta producen más de 4 millones de botellas de torrontés, y hasta hace menos de 10 años, la cepa blanca lideraba la zona con más del 80% de los viñedos plantados –hoy esa cantidad se redujo al 40% debido al aumento en las plantaciones de otras variedades que supieron adaptarse muy bien a la zona–.

Una de las bodegas más antiguas de la región –que aún continúa en funcionamiento– es Vasija Secreta (1857), de Marcelo Córdova, tercera generación de bodegueros. “No existe fecha exacta de cuándo llegó esta uva a Salta, pero el torrontés no compite con ninguna otra, es única”, dice Córdova y habla también sobre esa evolución en su elaboración para lograr así “acompañar a los logros de Malbec en el mundo y establecer al torrontés como la única cepa puramente argentina”. Los vinos de Córdova se caracterizan por ser amables, con un dulzor bien presente que lo convierten en vinos fáciles de beber. Una de las mayores curiosidades de sus productos es sin duda su nombre: Gata Flora. “Me encantó el nombre desde el primer momento y sabía que a la gente le iba a gustar también”, dice entre sonrisas Marcelo.

Durante mucho tiempo, el vino salteño no cruzaba los límites con las provincias de Jujuy y Tucumán. Hasta que Arnaldo Etchart entendió que para que el torrontés sea conocido en el país debía llegar a Buenos Aires. Según cuenta su hijo Marcos –hoy enólogo de San Pedro de Yacochuya–, su padre viajaba a la Capital Federal con su hoy famoso “Etchart Privado”. “Papá empezó regalando su vino en diferentes restaurantes de Buenos Aires para que se conociera y logró después que se convirtiera en uno de los más vendidos del país”; Marcos también cuenta que el mayor deseo de su padre era elaborar vinos que se consumieran en todo el país, una idea de la se reían en todo Cafayate. Pero no fue sólo el sueño de Etchart lo que logró que el torrontés creciera. A la par de él hubo otros visionarios que se sumaron al desafío, como Rodolfo Lavaque y Jorge Riccitelli.

Entre los grandes logros que hoy se le reconocen a Arnaldo Etchart, uno de ellos fue la invitación de uno de los enólogos más importantes del mundo y uno de los responsables del gran crecimiento que tuvo el vino argentino: el francés Michel Rolland. “Llegué al país hace casi 26 años invitado por Arnaldo. Pensé que venir a la Argentina era un lindo viaje porque no conocía el país y terminó siendo un lindo descubrimiento”, cuenta el francés y continúa con su historia: “En aquella época los vinos estaban muy malos, pero con un buen trabajo se podían lograr etiquetas de alta calidad. Hay dos cosas: el vino que está y el que se puede hacer. Pensé, con razón, porque aquí estamos y vemos lindos vinos, que había un potencial. Dentro de los últimos 25 años, ha habido un progreso fantástico en la calidad del vino. He visitado varios países y creo que la Argentina ha conocido la mejor progresión”. En los años ‘80, de cada diez botellas de vino que se consumían tres eran tintos y siete blancas, algo que se revirtió totalmente.

Al llegar al país, Michael Rolland se encontró con otro enólogo argentino que buscaba lo mismo que él: “posicionar al país como uno de los grandes productores de vino en el mundo”, según creía Jorge Riccitelli, hoy enólogo de Norton y elegido en 2012 como el mejor enólogo del mundo por la revista Wine Enthusiast. “Hoy está bueno mirar hacia atrás y ver todo lo que logramos, valió la pena”, dice Jorge, y agrega: “El desafío de hoy es el mismo de aquel entonces: vender torrontés, que no es fácil, por lo que tenemos que seguir trabajando”. José Luis Mounier se suma a esta afirmación: “Hay que posicionar el terruño Salta, no sólo los vinos de altura. Esto nos va a dar una mayor identidad para valorar todo lo que tenemos, y el torrontés es una de nuestras mayores identidades”. En este sentido, para Riccitelli, “Cafayate no tiene que ser una isla, sino formar parte del vino nacional, porque el torrontés es el blanco argentino”.

Los vinos
Ya hablamos de la historia de nuestra única cepa totalmente propia. Pero, ¿cómo son estos vinos? “Una de las características más importante del torrontés es su versatilidad”, sostiene Mariano Quiroga Adamo, una de las nuevas promesas en la producción de vinos finos de la Argentina. Si bien es oriundo de Mendoza, el joven enólogo llegó a Salta en octubre de 2010 y desde entonces trabaja en la bodega El Porvenir de Cafayate –de Lucía Romero– como enólogo principal y bajo la asesoría del reconocido Paul Hobbs. “El torrontés es un vino fresco, frutado y fácil de beber”, afirma Mariano. “En El Porvenir tenemos diferentes líneas de esta etiqueta: una joven, una con paso por barricas y una dulce”, lo cual da cuenta de la versatilidad de este producto.

Finca Quara es otra de las bodegas representativas de la zona. Nació a fines del siglo XIX, cuando José Fortunato Lavaque se instaló en Cafayate y comenzó a llevar a cabo su propia bodega. Se trata de un negocio familiar que pasó de generación en generación, hasta que en la década del ’80 quedó en manos de Rodolfo Lavaque –cuarta generación– dando inicio a Finca Quara. Hoy sus hijos son quienes continúan con el trabajo de su padre.

Para Ignacio Velasco, gerente general de Finca Quara y marido de Dólores Lavaque, el torrontés no tiene puntos medios: “La gente lo ama o lo odia”. Por ese motivo, buscaron enamorar a aquellos que lo rechazaban buscando esa versatilidad de la que hablaba Quiroga. Desde su bodega, realizan seis vinos diferentes: el joven, donde resaltan las notas florales y frutales; el reserva, con un paso por barrica de roble de 4 meses para darle mayor complejidad al vino; el Single Vineyard, de uvas provenientes de los viñedos más antiguos y también con paso por madera, lo que lo hace un vino más persistente; la línea Félix, ya con un paso de 4 meses en barricas nuevas, lo que lo asemeja más a un chardonnay; y un espumante: Alpaca. “Hay muchas opciones. La Argentina ya encontró en el Malbec su apertura en el mercado externo, pero hoy los blancos se están revalorizando mucho y para continuar con ese posicionamiento tenemos a nuestro querido torrontés”, afirma Ignacio.

Por Pancho Barreiro