Un buen hijo de médico, Miguel Brasco – El Conocedor

Nació el 14 de septiembre de 1926 en Santa Fe, desde niño se mudó a Santa Cruz, donde su padre Jaime Brasco Font dedicó su vida a ejercer como médico rural, en un radio de 400 kilómetros desde Río Gallegos a San Julián. Un ejemplo a seguir.

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Miguel Brasco, Intelectual, polifacético de un excelente humor ácido. Trasgresor, cargado de talentos. Abogado, escritor, dibujante, periodista, músico, poeta, novelista.

En su niñez en la provincia de Santa Cruz, creció con la montaña y el mar, pasaba en tiempo con lo que tenía. La literatura era una de sus mayores compañías, en aquellos años su contextura era pequeña, su defensor y guarda espaldas era killer un guanaco. Un apasionado, siempre emprendiendo proyectos nuevos.

Observaba, opinaba y criticaba todo lo que le gustaba. Siempre con una mirada muy objetiva y sabia. En su preparación académica en letras estuvo el premio Nobel de Literatura Vicente Alexandre. Algo se traía entre manos, terminó sus estudios de Derecho y Letras, al mismo tiempo.

Entre sus primeros trabajos literarios tradujo poesías del alemán y el inglés al castellano. Amigo personal de Quino y abuelo de Mafalda, ya que la sacó de la puerta de una heladera Siam, y publicó sus 3 primeras tiras.

Durante su estadía en Holanda viajó a Ginebra, donde conoció a Julio Cortázar, a quien invitó a Ámsterdam en donde no pudieron pasar por alto la gastronomía de este lugar: Los quesos (Gouda, Edam y Alkmaar), el Stamppot, Poffertjes. ¿Cenarían Erwtensoep? Brasco era un buen amante de las sopas.

Con el Gato Dumas tenían una amistad gastronómica. Fueron parte del selecto club Epicuro, donde cocinaban juntos. Además salían de recorrida a degustar y comprar salamines en las rutas de Tandil (la llamaban: la DOC del salame). Ganó el Premio Konex de las letras por Literatura de Humor en 1984.

A principio del 2000 creó la revista EGO junto a Jorge Lanata, dupla explosiva. ¿Se le ocurre otro nombre teniendo estos dos fundadores? Sembró 7 matrimonios y cosecho 3 hijos. Entre sus trabajos literarios se encuentran: Raíz Desnuda, Las Tribulaciones del amor, La máquina del mundo, Quejido Guacho, Pasarla Bien y El Prisionero.

Miguel Brasco, el prócer del vino
Precursor de buen vivir. Doctrinando sobre el escabio y el morfi, desde los años del blanco y negro del beber y comer argentino. Recomendando restaurantes marrones, así llamaba a los bodegones llenos de anécdotas. Como a los más selectos de la misma manera. Se cree que los conoció a casi todos.

Amante de las ostras con champaña recomendando a el resto Oviedo para esta practica, o explicando cuantos minutos de fritura tiene que tener una milanesa. Con dos bodegas hizo sus propios vinos; Miguel Brasco Corte 279 con Bodegas López y Línea Tonel con Finca La Anita. ¿Serian sus preferidas? Fundó la revista Cuisine & Vins que fue referente del arte culinario, se publica hasta el día de hoy.

Incursionó a Fernando Vidal Bussi en el periodismo gastronómico, quien no dudo en criticar la cocina de Brasco. Y eso que eran grandes amigos. Le hizo la primer entrevista al reconocido chef Fernando Trocca, quien lo acompaño luego en su programa que se llamaba Chateaux Brascó. Con Fabricio Portelli, hizo dos ediciones del Anuario de los vinos argentinos y el programa de TV Dos de Copas. Cuando Miguel Brasco tenía que analizar vinos, era de sus mayores gozos. Se mezclaban todas sus facetas, en una persona se escondían, florecían y asomaban el poeta, el dibujante, el compositor, el abogado, el bon vivant, entre otras de sus profesiones y virtudes. ¿De todos estos, cuál era el Brasco que analiza el vino? Todos. Defensor del vino argentino por excelencia, no por clásico, sino por su simpleza. En una misma descripción podía tener palabras en alemán, latín, lunfardo y hasta el idioma Basconiano, con palabra como: piripiti, finoli, bobeta, etc. Comparaciones con belleza femenina, connotaciones sexuales. Esto acompañado de elocuentes ilustraciones. Y decía trabajando a sus 87 años -“Mi memoria es perfecta –advierte–. Sólo hay que darle tiempo”. Para el vino era su mejor apreciador, ya que en la Argentina nunca hubo un hombre tan culto hablando de él. Desde sus ojos, nariz y boca, Miguel hacia una poesía de la degustación, cada una era una obra única.

Esta es una de sus mejores frases para recordarlo: “No hay que dejarse impresio-
nar por la gente que habla de vinos. NADIE SABE NADA”.

Hay un bonus track de Brasco: quedan 3 libros sin editar. Una novela, uno de poesía ilustrada y anécdotas de su vida junto al vino. Gracias Miguel Brasco por rescatar lo simple.

 
Dueño de frases únicas:
“Para tomar vino no hay que saber nada”.
“Si se sabe comer, se sabe cocinar, entonces por naturaleza se buscará el vino adecuado”.
“Si los sommeliers dicen que un vino tiene aromas a pis de gato, y está aceptado, yo puedo decir que el torrontés es un vino para los gay”.
“El vino te levanta la vida.”
“No hay vinos, hay botellas. No hay botellas, hay copas. No hay copas, hay situaciones. No hay situaciones… hay compañías.”
“Cuando te dicen que un vino tiene aromas a cuero de montura sudada, te están macaneando.”

Por Norberto Díaz