Caudal político de Liberación se erosiona cada vez más

Candidatos han asegurado que polémicas de militantes del PLN han afectado la preferencia electoral 

El Partido Liberación Nacional (PLN) fue fundado en 1951 y, desde entonces, siete liberacionistas, mediante nueve elecciones presidenciales, han sido presidentes del país. La más reciente fue Laura Chinchilla Miranda durante el período 2010-2014, quien fue la presidenta número 46 y la primera mujer costarricense en ejercer el cargo. 

Sin embargo, desde ese momento, la agrupación política no ha conseguido levantar a su partido, pese a colocar como candidatos a figuras emblemáticas y reconocidas en el ámbito político nacional por su trayectoria como militantes del partido. 

“Los resultados también nos deben mover a una serie de profundas reflexiones. Algunas son sobre el tipo de país que queremos hacia adelante, otras tienen que ver con el futuro de Liberación y están aquellas que nos demandan una acción urgente para atender las crisis que vivimos (…) Hoy corresponde aceptar los resultados con profundo respeto y compromiso democrático, a pesar de las diferencias existentes”, dijo Silvia Hernández, presidenta del Congreso y militante del PLN, tras los resultados de este domingo 3 de abril. 

Pérdida del respaldo electoral 

A pesar de que Liberación continúa siendo el partido con mayor cantidad de alcaldes electos y más diputados en la Asamblea Legislativa, con el tiempo ha ido disminuyendo su cantidad de municipios y curules con respecto a las elecciones de años anteriores. Sumado a esto, ninguno de sus últimos tres candidatos ha conseguido la banda presidencial. 

Óscar Arias y Laura Chinchilla, quienes fueron los últimos militantes del partido verdiblanco en alcanzar el poder, aglutinaron la mayor cantidad de votos emitidos en las elecciones presidenciales de 2006 y 2010, respectivamente; sin necesidad de ir a una segunda ronda. 

Sin embargo, desde entonces, el caudal político de la agrupación se ha ido erosionando un poco más en cada nuevo llamado a las urnas. 

Mientras que Arias obtuvo la presidencia con el 40,92% del apoyo del pueblo costarricense y Chinchilla con el 46,91%, los candidatos del PLN en las elecciones 2014, 2018 y 2022 no han superado más allá de casi un tercio de los votos del electorado en una primera ronda. 

La pérdida de apoyo de los liberacionistas no solo se visualiza en términos porcentuales, sino también en el número de votantes. Mientras Chinchilla alcanzó el apoyo de 896.516 personas en 2010, los últimos tres candidatos verdiblancos, Johnny Araya, Antonio Álvarez y José María Figueres, alcanzaron 610.634, 400.757 y 571.518 sufragios en primera ronda, respectivamente. 

Agrupaciones políticas emergentes desplazan a partidos tradicionales 

En la última década se ha identificado que la cantidad de ciudadanos que daba su voto a los liberacionistas se ha diluido con las agrupaciones políticas emergentes que han acabado con el bipartidismo imperante en Costa Rica desde los años ochenta. 

Las últimas tres contiendas electorales han evidenciado la difuminación del apoyo liberacionista entre los demás votantes, dándole el paso a partidos con menor trayectoria política como Acción Ciudadana (PAC), Restauración Nacional y, más recientemente, Progreso Social Democrático (PPSD). 

En este sentido, resulta claro que el lanzamiento de más partidos en las elecciones propicia un escenario que dificulta que alguna agrupación alcance el poder fácilmente, dado que, mientras en las elecciones de 2014 y 2018 fueron inscritas 13 candidaturas presidenciales, para este año fueron 25 los aspirantes registrados por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). 

Así, el surgimiento de partidos políticos refleja cómo los partidos más grandes van perdiendo su apoyo para repartirse entre las demás agrupaciones que terminan por atraer a los votantes indecisos, lo cual se refleja en el conteo final de votos de las últimas elecciones. 

Elecciones 2014: El inicio de la ruptura del bipartidismo 

Las elecciones del 2014 representaron el inicio del fin del bipartidismo en el país que, desde 1982, se repartían Liberación Nacional (PLN) y Unidad Social Cristiana (PUSC). 

En octubre del 2013, cuando inició la campaña electoral, el candidato del PLN, Johnny Araya, se posicionaba como el favorito para ocupar la presidencia. 

Además, todo apuntaba que Rodolfo Hernández, candidato del PUSC, sería su contrincante más fuerte, lo cual vislumbraba una contienda habitual para el pueblo costarricense. No obstante, el aspirante renunció a su postulación, abriendo la puerta de la incertidumbre en el panorama electoral. 

Los candidatos de Movimiento Libertario, Otto Guevara, y de Frente Amplio, José María Villalta, figuraban como los opositores principales de Araya. Sin embargo, fue Luis Guillermo Solís del Partido Acción Ciudadana (PAC), quien con un 30,84% del apoyo en primera ronda iría al segundo balotaje contra el liberacionista, que alcanzó el 29,71% del respaldo del electorado. 

A tan solo un mes del segundo llamado a las urnas, Araya anunció su retiro de la campaña electoral. Sin embargo, la Constitución no permite que los candidatos renuncien en caso de segunda ronda, por ende, la convocatoria se mantuvo y, finalmente, Solís logró la presidencia con el 77,76 % del apoyo frente a un 22,24% del verdiblanco. 

Elecciones 2018: Liberación fuera del mapa electoral 

Las elecciones presidenciales del 2018 sentaron otro precedente en la historia política costarricense, debido a que los resultados de la primera ronda electoral dejaron sin oportunidad de ir a una segunda vuelta al candidato liberacionista Antonio Álvarez Desanti, quien alcanzó el 18,62% del respaldo electoral. 

Así, el partido Restauración Nacional, con apenas un año de existencia, logró el mayor apoyo en la primera contienda con un 24,91% a favor de su representante Fabricio Alvarado, quien se enfrentó en una segunda ronda con el candidato del PAC, Carlos Alvarado, quien recibió el 21,66% del respaldo. 

De este modo, estas votaciones representaron la ruptura más drástica del bipartidismo costarricense, al dejar sin espacio en segunda ronda a los partidos tradicionales. Así, Liberación recibió su mayor derrota electoral. 

Finalmente, la segunda contienda fue ganada por Carlos Alvarado, con un 60% de los votos por encima de su rival Fabricio Alvarado, quien obtuvo un 39%. 

Elecciones 2022: Sin la oportunidad de una tercera reelección presidencial 

Las elecciones 2022 vislumbraban para la agrupación verdiblanca su tercera oportunidad de conseguir la reelección presidencial de uno de sus expresidentes, como lo hicieron José Figueres Ferrer en los períodos de 1953-1958 y 1970-1974, y Óscar Arias Sánchez entre 1986-1990 y 2006-2010. 

José María Figueres Olsen, quien fue mandatario costarricense entre 1994 y 1998, se posicionaba como el gran favorito en las encuestas para obtener la banda presidencial, dándole esperanza a los verdiblancos luego del fracaso de las dos contiendas electorales pasadas. 

Así, Figueres alcanzó el respaldo de 27,28% del electorado en primera ronda, lo cual lo condujo a una segunda convocatoria a las urnas con el candidato del Progreso Social Democrático, Rodrigo Chaves, quien obtuvo 16,78% del apoyo. 

Sin embargo, después de la primera contienda electoral, su contrincante se posicionó como la opción presidencial de la mayoría hasta finalmente reflejarse en el resultado de este domingo 3 de abril, donde Chaves salió vencedor con un porcentaje de 53% sobre 47% de Figueres. 

Candidatos justifican baja preferencia electoral en polémicas de militantes del PLN 

Durante la campaña de Johnny Araya en las elecciones del 2014, el candidato se distanció de Laura Chinchilla y Óscar Arias, alegando que nunca ha existido un matrimonio con dichos líderes. Esto, según expertos, debido a que su gobierno habría sido el tercero consecutivo de un partido al que la población le achaca los males del país de los últimos años. 

Por ejemplo, Chinchilla se vio envuelta en polémicas que dispararon su falta de popularidad como la construcción de la carretera 1856 en la zona fronteriza con Nicaragua, su viaje a Perú en un jet privado para asistir a una boda y el fracaso de su plan fiscal, que dejó un déficit superior del 5% del PIB. 

Esta mala imagen ocasionó que Araya apostara por un distanciamiento ideológico de Chinchilla, ya que la percepción negativa sobre la gestión presidencial de esta última impactó en el nivel de apoyo de los ciudadanos hacia el verdiblanco. 

La historia se repitió en 2018 cuando Álvarez Desanti justificó la caída en las intenciones de voto en la implicación de militantes de su partido político en el “Cementazo” y en 2022, cuando Figueres alegó que el caso de supuesta corrupción, conocido como “Diamante”, que involucraba a alcaldes liberacionistas reflejaba la caída de la preferencia electoral de los costarricenses. 

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