“Con qué confianza va a ir uno a guardar dinero al banco”

  • La usuaria es exfuncionaria del Banco Popular

A mediados de mayo, doña Liliam se encontraba en su casa cuando a eso de las 1:45 de la tarde recibió una llamada que se extendió durante tres horas. Aparentemente, del otro lado del teléfono, se encontraba un funcionario del Banco Popular. 

“Él me dijo que me llamaba porque el usuario de la tarjeta lo habían cambiado, entonces me dio otro nombre de usuario”

cuenta.

“El hombre hablaba y lo llevaba a uno rodado de una manera que yo de verás creí que era del banco. Entonces yo cogí un cuaderno y apunté al final de una hoja lo del usuario”

agrega. 

Doña Lilliam es pensionada y exfuncionaria del Banco Popular. Ella reconoce que siempre desde las instancias bancarias suelen advertir que nunca se deben brindar claves ni ningún dato personal. Sin embargo, en este caso, el hombre nunca le solicitó información. 

“El tipo comenzó a darme los números IBAN de todas las cuentas que yo tenía en el banco, me empezó a dar la lista de los favoritos y comenzó a decirme que yo tenía puntos en la tarjeta y que se podían canjear por dinero”

dice. 

“De verás lo atontan a uno tanto de todo lo que le dicen, que yo sé que los puntos no se pueden cambiar por dinero, porque en el banco nunca se ha hecho eso, eso es un canje en tiendas o así”

asegura. 

Información a la mano

Según cuenta doña Liliam, el supuesto funcionario sabía que ella era pensionada y desde hace cuánto tiempo se había acogido a su jubilación. Incluso, tenía conocimiento de que la operadora de pensiones le daba su dinero por tractos. 

“Comenzó a decirme que del primer tracto me quedaron debiendo ¢300.000, entonces él me preguntaba que si me los pasaba”

comenta. 

A eso de las 9 de la noche, doña Liliam le contó a su sobrino lo que le había ocurrido, quien de inmediato sospechó que pudo haberse tratado de una estafa, así que le ayudó a revisar las cuentas bancarias. 

“Las revisa y me dice que no tengo un solo cinco; ahí estaba las transferencias. Yo tenía una cuenta naranja, una en colones corriente y una cuenta de dólares, y de ahí sacó todo lo que se encontró y me dejó sin nada” 

explica.

Al final, le fueron sustraídos un monto cercano a ¢1.800.000. 

Sin soluciones

Al día siguiente, doña Liliam llamó al Banco Popular para bloquear sus cuentas. No obstante, le dijeron que debía ir al Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Ella cuenta que durante dos horas estuvo en las instancias judiciales y que, luego de contar su historia, tanto en el Banco como en el OIJ le dijeron que difícilmente podían hacer algo. 

Según cuenta doña Liliam, hace 15 días la contactó el agente del OIJ a quien le asignaron el caso, quien, en primera instancia, le indicó que no sabía qué podía hacer. 

“Yo le dije que en el Banco me dijeron que, si yo autorizaba para que ellos fueran a pedir información, entonces me dijo que iba a ir, pero imagínese. Seguro tenía que ir a hacerle el estudio a ellos. Al final de cuentas, uno lo hace por denunciarlo, pero al final nadie hace nada”

señala.

Doña Liliam reconoce que actualmente no sabe qué hacer, ya que está muy decepcionada sobre el abordaje de las entidades bancarias con respecto a los distintos fraudes y estafas que se han presentado. 

“A mí lo que me molesta de toda esta situación es que el banco siempre le anda pidiendo a uno que lleve los dineros para que los guarde, pero ahora con qué confianza va a ir uno a guardar dinero al banco”

concluye. 
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