El desierto de Atacama, un cementerio de ropa usada 

  • La producción de un kilogramo de algodón requiere aproximadamente 10.000 litros de agua. 

En medio del clima árido y la despoblación del desierto de Atacama, se vislumbra una gran montaña de 300 hectáreas compuestas de abrigos, zapatos, camisas y cuanta prenda de vestir se pueda imaginar.  

Se trata de un botadero de ropa usada ubicado en el norte de Chile a 1.800 kilómetros de Santiago, la capital del país y que representa una problemática para el medio ambiente. 

¿De dónde proviene la ropa? 

Una gran mayoría de las prendas fueron enviadas a Chile para su reventa y posteriormente abandono en pleno desierto.  

La ropa proviene de Estados Unidos, Europa y Asia, y tras no lograr comercializarse, muchas de las prendas aún conservan sus etiquetas y algunas provienen de tiendas de donaciones para caridad.  

Según el Observatorio de Complejidad Económica (OEC), Chile importa un 90% de la ropa usada en Sudamérica. Se estima que adquiere casi 59.000 toneladas de ropa usada cada año y que alrededor de 40.000 toneladas no logran venderse y terminan en botaderos clandestinos.  

La razón por la que estas prendas acaban en vertederos clandestinos es debido a que no existe un lugar donde se puedan desechar correctamente. En Chile está prohibido arrojar los desechos textiles en los vertederos legales, pues afectan la estabilidad de los suelos. 

Impacto ambiental 

Una de las grandes problemáticas además de acabar en un desierto, es que la mayoría de la ropa tiene al poliéster entre sus materiales. 

El poliéster es un tipo de plástico proveniente del petróleo, tarda más de 200 años en desintegrarse, mientras que otros materiales como el algodón tardan 30 meses.  

No obstante, el impacto ambiental del algodón es alto también, pues la producción de un kilogramo de algodón requiere aproximadamente 10.000 litros de agua. Para fabricar una camiseta de algodón se utilizan 2.700 litros. 

Además de consumir gran cantidad de agua, la industria de la moda es responsable del 20% de las aguas residuales que se producen anualmente en el mundo.  

Por lo que el impacto ambiental de las prendas abandonadas es enorme, si tomamos en cuenta la contaminación generada, los recursos empleados y el transporte. 

 Iniciativas buscan soluciones 

Actualmente se están desarrollando dos iniciativas para apaciguar el problema. Una de ellas es un programa de erradicación de los botaderos clandestinos y la otra la incorporación de la ropa usada en la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), y de esta manera hacer a las compañías responsables por los residuos de las prendas que importan. 

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